Virgen del Rocio de la Hermandad de la Redención en Campana. Lunes Santo. Semana Santa Sevilla 2019

Virgen del Rocio de la Hermandad de la Redención en Campana el Lunes Santo de la Semana Santa de Sevilla 2019, a los sones de la Banda de las Nieves de Olivares

Vídeo por El Llamador Sevillano

 


 

Nuestro Padre Jesús de la Redención.

La talla del Señor no fue encargada de forma independiente, también a Lastrucci, sino a la vez que Judas, ambas en un mismo contrato en julio de 1957. Esto significa que el Señor de la Redención fue concebido para ser incluido en un pasaje bíblico concreto, imprimiéndosele en sus rasgos, sobre todo faciales, señales del dramatismo de la escena representada, la de la traición de uno de los apóstoles en el huerto donde oraba aquella noche.

La Hermandad procede a redactar un informe en el que se detallan los aspectos y objetivos que deben inspirar la ejecución de las imágenes del Señor y de Judas, además de las pautas a seguir para conseguir plasmar a la perfección la escena deseada. Firmado por Eugenio Hernández Bastos, por entonces, Director Espiritual de la corporación, con fecha de Viernes Santo de 1957, ese informe marcaría la interpretación del paso de misterio.

Si bien en Sevilla hay pasos que representan pasajes bíblicos desde la llegada de Jesús a Jerusalén es con el beso de Judas cuando se inicia realmente la Pasión de Cristo. A partir de entonces, todo se convertirá en una sucesión de hechos encadenados que finalizarán con el doloroso trance de su muerte en la cruz.

La imagen de Nuestro Padre Jesús de la Redención, en función de aquel guión, debía expresar en sus rasgos faciales y gestos el cúmulo de sensaciones que pudo sentir Jesús en aquellos momentos fatídicos en el huerto de Getsemaní. Instantes en los que se mezclaron la amarga soledad previa en su oración al Padre, el desconsuelo por el abandono de sus discípulos, la tristeza por la traición de su amigo Judas unida a su fugaz perdón, y la incertidumbre sobre su futuro inmediato, sumando a todo ello una actitud de serenidad ante la cercanía de su padecimiento. Pero vayamos por parte:

Jesús mantuvo una lucha interior en su oración en el huerto: aceptar o rechazar la voluntad del Padre. Era hombre, y como tal, el miedo le invadió por todo el cuerpo, hasta el punto de sudar sangre. «Jesús enjugó y secó su rostro, pero en Él quedaron marcadas las huellas físicas y morales de su interior lucha. Deben tener reflejo en el rostro del Cristo esos sentimientos» recogen las pautas de su creación.

Una vez aceptada la voluntad del Padre, el informe indica la necesidad de imprimir este hecho de forma que «sobre un rostro ensombrecido por tanto dolor ha de brillar un claroscuro de recuperación y serenidad» . Disueltas las dudas, Jesús ha aceptado salvar a la humanidad. En esos pensamientos estaba cuando, en la oscuridad de la noche del barrio de Santiago, advierte la cercanía del apóstol infiel: «Va presentándose en su rostro la tristeza inmensa, humana, del amigo traicionado. Esa inminencia del encuentro con él es una violencia que forzosamente ha de reflejarse en el rostro de Jesús». Así lo personificaría a la perfección Castillo Lastrucci en su obra, presentada al público en marzo de 1958.

La última escena que analiza Eugenio Hernández Bastos en su guión, pasaje clave para entender el conjunto iconográfico del misterio, así como el semblante del Señor, es el momento del beso de Judas. Indica que «su rostro ha de expresar el dolor del amigo bueno traicionado y también un anhelo de clemencia amigable que invita y reconviene, llamándole al arrepentimiento». Cabe destacar en este punto que la situación de las imágenes principales se corresponde al momento posterior al beso, detalle muy desconocido. El objetivo de la Hermandad al encargar de este modo la figura del Señor, aparte de motivos devocionales, es conseguir que «el rostro y actitud de Cristo exprese lo más divinamente humano, con la mayor riqueza de datos físicos y psíquicos; algo de los diversos estados por los que pasó Cristo».

 

María Santísima del Rocío.

María Santísima del Rocío al igual que Ntro. Padre Jesus de la Redención, es también de D. Antonio Castillo Lastrucci, realizándose en el año 1955 y con un coste de 8.000 ptas (estaba ajustado el contrato por 10.000 ptas, pero Castillo que era Teniente de Hermano de Mayor Honorario de la hermandad, cedió 2.000 ptas como donativo a la hermandad). La imagen fue bendecida el 4 de diciembre de 1955, en función solemne oficiada en Santa María la Blanca por el Dr. Cardenal Arzobispo Bueno Monreal, en la cual actuaron como padrinos de la ceremonia el gobernador civil D. Alfonso Orti y Meléndez Valdés y su esposa; además a dicho acto acudieron treinta y tres hermandades penitenciales de Sevilla.

La Virgen es una imagen en madera de pino de 174 cm teniendo policromados el rostro y las manos. Lleva un candelero ovalado de ocho listones que le arranca de la cadera, realizado por Buiza en 1996. Tiene la cabeza en postura frontal y ligeramente inclinada hacia abajo con cejas arqueadas con un leve fruncido en el entrecejo, con una mirada baja y central, los ojos son de cristal de color marrón, llevando pestañas postizas en el párpado superior y pintadas en el inferior. Cinco lágrimas de cristal surcan su rostro; dos en su lado derecho y tres en el izquierdo formando un triangulo casi simétrico. La nariz es recta y levemente sonrosada en la punta, que con el enrojecimiento de los ojos da esa sensación de llanto continuado y aflicción. La boca se encuentra entreabierta mostrando los dientes superiores. La barbilla es redondeada y afilada, teniendo un rostro corazoidal. El cuello es delgado y muestra el hollito de las clavículas.

Las manos las tiene extendidas, en su mano derecha sus dedos cordial y anular los tiene ligeramente más próximos entre ellos y hacia dentro estando el índice y meñique ligeramente curvados; su mano izquierda tiene un tratamiento similar a la derecha, pero con el dedo meñique mucho mas separado.

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